
Una vez, cuando yo era pequeño, mi padre me explicó en qué consistía la bolsa de valores (tranquilos, eso fue bastante después de contarme de dónde venían los niños...). Curiosamente, el ejemplo que utilizó de empresa sólida en la que se podía invertir sin miedo fue General Motors. La dueña de marcas míticas como Chevrolet o Opel, la que fue durande decenas de años la mayor empresa del mundo ahora ya no es un signo de poder, sino una señal más del final de un cierto modo de hacer las cosas.
General Motors está al borde de la quiebra. La empresa que junto con Ford hicieron de la ciudad norteamericana de Detroit la meca de las cuatro ruedas ha sufrido una caída de cerca de la mitad de sus ventas en el último año y es casi seguro que no podrá hacer frente a sus compromisos de pago a partir de enero.
La situación le ha caído encima a la Administración Bush en el peor momento posible, mientras estaban vaciando sus mesas y llevándose todos los clips, grapadoras y bolígrafos que podían. Ahora tienen un problema serio, porque el partido Demócrata, que está deseando empezar a pegar post-its en el despacho oval, ya ha dicho que hay que ayudar a General Motors como sea, que "Estados Unidos no tiene derecho a dejarla caer". Los Republicanos, por su lado, no están muy convencidos de que haya que ayudar a una empresa industrial, que teóricamente no es básica para el sistema.
Pero realmente no lo es? GM da trabajo directo a 200.000 personas en todo el mundo. Pero no es sólo eso, de la industria del automóvil dependen miles de otras empresas auxiliares que fabrican desde retrovisores hasta alerones, o incluso los muñecos que se utilizan para probar accidentes. Eso sin contar a los más de medio millón de jubilados vivos que, en EEUU, dependen del pago mensual de la empresa de Detroit. Algunos analistas han dicho que más de la mitad de la población de esa ciudad depende de GM, y cerca del 80% trabajan directa o indirectamente para el sector automovilístico (Ford también tiene su sede en Detroit).
Pero tranquilos, los más bien informados recordarán que la ley de quiebras en EEUU no es igual que en Europa, y permite que la empresa siga funcionando por un tiempo prácticamente indefinido, aunque no pague sus deudas siempre y cuando haya un plan de reconversión. Es decir, que si se deja que GM quiebre, lo qúnico que pasaría es que se dejaría de pagar la enorme deuda de 1.500 millones de euros que arrastra.
Y ahí está el problema, dicen los demócratas. Con la sombra del miedo recorriendo las bolsas de todo el mundo, el anuncio de que GM podría no pagar su deuda con los bancos podría desencadenar otra ola de desconfianza de consecuencias imprevisibles. Argumentan que en Alemania y en Francia ya se están montando planes de rescate de empresas automovilísticas, algo que en España también se pide.
Qué hacer? Dejamos que afloren los pies de barro del coloso o le colocamos unas muletas para que pueda aguantar hasta tiempos mejores? Reconozco que personalmente siempre me dio rabia la alltivez con la que las automovilísticas americanas presentaban sus modelos enormes y de alto consumo, y que tiene una cierta gracia ver como ahora todos se apuntan al coche eléctrico, pero... Qué opináis vosotros?